Crisis Sociales: buscando caminos mientras encontramos la brújula

Clase Magistral de Inauguración del Año Académico 2025 Universidad de Los Lagos

Osorno, 31 de marzo 2025

Hace un año dicté esta clase en Osorno, para inaugurar el año académico. Luego me tocó dictar clases inaugurales a estudiantes recién ingresados, en su primera semana de: Derecho (Osorno), Arquitectura (Puerto Montt) y Sicología (Castro). Fue una gran experiencia. Publico ahora la clase, la que consta de un texto (abaj) y una presentación de 15 láminas que se va desplegando a lo largo de la conferencia. Para verla es necesario pinchar el enlace a continuación y verla pinchando: «presentación» – «opciones de visualización de presentación» – «iniciar presentación». Espero que sea un material de utilidad.

Láminas de «Crisis Sociales: buscando caminos…»

Agradezco muy sincera y sentidamente a las autoridades de la universidad que me han invitado a compartir una reflexión en esta actividad inaugural del año académico 2025. Lo considero un honor y un privilegio que me hayan otorgado este espacio y este tiempo para dirigirme a la comunidad universitaria a la que pertenezco hace ya 20 años. Mi llegada a esta casa de estudios, significó para mi retomar una carrera académica que había comenzado de modo muy temprano -hace 50 años- en la misma sede que hoy ocupa nuestra universidad en Santiago, que en ese tiempo era la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad de Chile. Antes de ello había estado allí la Facultad de Arquitectura y luego parte del Instituto Pedagógico. Mi quehacer universitario comenzó temprano, pues yo aun no había completado mis estudios de licenciatura, pero duró poco: a mediados de 1977 fui expulsado por razones políticas -que además nada tenían que ver con la universidad- y poco más tarde el Departamento de Ciencias Sociales, al que pertenecía, fue cerrado y no ha sido reabierto hasta la fecha. No fue solo mi carrera académica la interrumpida, sino una historia.

Diapo 1. Imágenes antiguas de la actual Sede Santiago de la Universidad de Los Lagos En la imagen, mi suegra, María Núñez Belmar, estudiante de Pedagogía en Historia en los años 40, junto a sus condiscípulos, delante de la actual sede del CEDER Santiago y en el frontis de República 517 (circa 1945)[1]

Poco después la facultad fue trasladada a los terrenos de un antiguo regimiento, mientras los servicios de seguridad ocuparon los distintos edificios de la Universidad de Chile en el Barrio República. Nada de eso ha sido recuperado posteriormente por la Universidad de Chile, ni por otras universidades públicas, salvo la sede de la Universidad de Los Lagos en el edificio de la fotografía. Por ello para mi siempre ha sido motivo de alegría y en alguna medida de reparación, el haber participado de la construcción de este proyecto.

Pero también mi incorporación a la ULagos se debió a la colaboración previa, que a través del Programa Ciudadanía y Gestión Pública, manteníamos y luego ampliamos con la universidad. Podríamos decir hoy que se trataba de un programa innovador y descentralizador, que buscaba hacer visible, reconocer, estudiar, promover e incrementar la escala, de las iniciativas locales que a lo largo del país ampliaban el espacio democrático y de participación ciudadana en los asuntos públicos. Una tarea que me compromete hasta el día de hoy, bajo otras formas y proyectos, principalmente de investigación.

Diapo 2: Secuencia de imágenes de iniciativas innovadoras en la Región de Los Lagos Enciclopedia Cultural de Chiloé– Liceo Industrial Remehue  (Osorno)– TV 8 Televisión Alternativa Comunitaria en Escuela Aquelarre (Quemchi) – Salud Rural: Red de Centros Comunitarios de SaludIntegral (Los Lagos) – Unidad Provincial de Gestión en Salud (Chiloé)– Modelo de salud intercultural williche de Chiloé (Chonchi y Quellón) – Mesa Regional de Mujeres por el Control Ciudadano

Por lo anterior es que quisiera contribuir con una reflexión situada en los desafíos de una universidad pública y regional. Consciente así del “desde donde” y “en donde” estamos actuando y pensando. Ello define perspectivas propias, aunque no excluyentes, ni exclusivas. La universidad actúa en un entorno regional, que involucra, distintas escalas territoriales de modo simultáneo, de las cuales debe dar cuenta.

El tema que he propuesto para esta clase se refiere a las “crisis sociales”, que podríamos formular también como la “crisis de las sociedades”. Con esto quiero indicar que en la actualidad es la propia vida en sociedad la que enfrenta una crisis de relevancia. Ni más ni menos. Y para el ser humano la vida en sociedad es algo constitutivo y no un agregado; es su “segunda naturaleza”, construida por el mismo. Una persona hasta en sus actos más íntimos, soñando o imaginando, utiliza los códigos sociales que ha aprendido, que le son propios y que espera de los demás. Por ello dicha crisis puede dar por tierra con el proyecto humano mismo. Por una parte, hablamos de la crisis de un tipo sociedad y la emergencia de otra, como ocurrió con el nacimiento de la sociedad capitalista moderna, donde “todo lo sólido se desvanece en el aire”, según la poética y precisa expresión de Karl Marx. Pero también de un conjunto de transformaciones que no sabemos a qué pueden dar lugar. Y como los humanos siempre buscamos caminos, ahora lo tenemos que hacer sin brújulas disponibles, como lo hacían los navegantes antiguos, antes de la invención de los instrumentos de navegación.

Diapo 3.  Navegantes antiguos Canoas de los chonos – embarcaciones rapanui – velero antiguo – globo aerostatico

Pero tal como nació la ciencia social moderna en el siglo XIX, para entender lo nuevo que surgía, sin categorías previas para comprenderlo, así ahora debemos enfrentar estos nuevos retos. Con una tradición de conocimiento y con nuevas herramientas que habrá que desarrollar. Por eso esta reflexión es también una reivindicación de las ciencias humanas y, entre ellas, de las ciencias sociales. Los navegantes tenían las estrellas del firmamento, nosotros debemos construir nuestras propias estrellas, acá en la tierra.

El argumento central que les propongo, es que el déficit contemporáneo no es de herramientas tecnológicas para enfrentar las crisis, como ocurriera en las sociedades arcaicas. Son las herramientas del conocimiento de lo humano, entre ellas las ciencias sociales que practicamos, las que están desafiadas a buscar y entregar respuestas que nos permitan construir un futuro mejor. Las respuestas tecnológicas ya existen:   formas de producción, conocimiento de la materia orgánica e inorgánica, capacidad de reparación mecánica, biológica, química, ingenierías de todo orden, gracias al formidable impulso de la ciencia moderna en los últimos doscientos años. Acrecentado con las últimas revoluciones tecnológicas, que han incrementado exponencialmente nuestra capacidad de acción sobre la naturaleza en todos sus órdenes.

Diapo 4. Secuencia de imágenes de invenciones tecnológicas Teléfono celular, nave espacial, instrumentos médicos, secuencia genómica, tren superrápido, bomba atómica, comando militar avanzado, robot

Pero no tenemos las mismas respuestas y capacidades en cuanto a hacer viable y mejor la vida en sociedad, ni acerca de cómo orientar y conducir el vertiginoso cambio tecnológico y sus consecuencias. La organización política, la educación, la convivencia, la mantención del orden y la apertura al cambio, las relaciones sociales de los individuos modernos, nuestro vínculo con el medio ambiente natural, la producción cultural y las comunicaciones contemporáneas; todo ello es lo que requiere rediseños capaces de hacer frente a los desafíos actuales. Se trata de construir metas colectivas en un mundo de heterogeneidad, donde nadie tiene la autoridad para imponerlas. Ya no hay papa, rey, gurú o chamán que lo haga por nosotros, en nombre de alguna deidad o entidad superior. Y se trata de coordinar los esfuerzos humanos de tal modo que podamos sortear eficazmente los peligros y abordar las urgencias a las que nos ha conducido la propia acción humana. Para desplegar nuestras potencialidades y no destruir nuestro planeta tierra.

LAS SOCIEDADES PUEDEN SUICIDARSE

Porque, claro, las enormes posibilidades de expansión de las capacidades humanas no están orientadas según un proyecto acorde a su potencia, sino que es el beneficio económico el que regula las prioridades, los ritmos y las exclusiones. No es el afán individual de lucro, es la dinámica propia del sistema capitalista mismo, que continúa impertérrito, ahora universalizado por todo el orbe y con expansiones extra planetarias. Poco puede ofrecer esa dinámica para la construcción de metas de bienestar colectivo, de buen vivir. No es su propósito, nunca lo ha sido. En definitiva, avanzar en orientaciones para la vida colectiva aptas al estado actual y sobre todo futuro de las sociedades es una cuestión de organización social, no de capacidad técnica ni de progreso económico.

¿Pueden desaparecer las sociedades? Por cierto que sí. De hecho lo hacen, ello ha ocurrido varias veces en la historia. Mohenjo Daro fue el asentamiento urbano más grande de la civilización del Valle del Indo, en el actual Pakistán, 3.000 años antes de la época actual y una de las principales ciudades del mundo, coexistente con las civilizaciones de Mesopotamia, Caral, el Antiguo Egipto y Creta. Llegó a tener 35.000 habitantes mostrando una ingeniería (con pozos, avanzados sistemas de desagüe y baños en las casas) y planificación urbana muy sofisticados para su época. Desapareció hacia 1.900 antes de la época actual, sin dejar rastros visibles, hasta su descubrimiento y exploración durante el siglo XX. A pesar de haber sido lo más avanzado de su época durante más de mil años, la cultura del Valle del Indo desapareció en menos de doscientos, sin casi dejar influencias en las que vinieron después, que comenzaron nuevamente la historia

Diapo 5. Secuencia de imágenes de civilizaciones desaparecidas Sitio arqueológico Mohenjo Daro; Teotihuacán, templos mayas

En nuestro continente, la civilización maya, que abarcó más de 300.000 kilómetros cuadrados, brilló a lo largo de más de dos milenios en numerosos aspectos socioculturales, como uno de los pocos sistemas de escritura plenamente desarrollados del continente americano de la etapa precolombina, su arte y  arquitectura, su mitología y sus notables sistemas de numeración; así como en astronomía y matemáticas. Durante el siglo IV de nuestra era, el centro de la región maya colapsó políticamente, provocando el abandono de las ciudades, el fin de las dinastías y un desplazamiento hacia el norte. Es probable que ello fuese el resultado de una combinación de causas, incluyendo las continuas guerras internas, la sobrepoblación que produjo una grave degradación del medio ambiente y un período extendido de sequía. Los conquistadores españoles, aliados con tribus locales, terminaron de derrotar a la ciudades-Estado de Mesoamérica.

En Caral, al norte de la actual Lima, la que ahora sabemos fue la primera ciudad de América, hace cinco mil años, habitaron entre mil y tres mil personas. Allí, dicen Shady y Kleihege (2008) «la obra arquitectónica en la ciudad y en el campo y los materiales asociados evidencian una organización social compleja en tres estratos jerarquizados, la población mayoritaria ,… los especialistas, … y las autoridades conductoras de lo terrenal y lo espiritual en el centro urbano.». Entre 2100 y 1800 antes de nuestra era se abandona Caral y se entierran sus edificios.

Ninguna de esas sociedades urbanas, altamente desarrolladas, fue capaz de perpetuar su propio éxito. Carecieron de las herramientas necesarias frente al aumento demográfico (por mejoría en las condiciones de sanidad, atracción de migrantes rurales), la depredación del medio ambiente que las rodeaba y del cual dependían (bosques y praderas) y la falta de alimentos.

Por otra parte, los más grandes imperios no sólo desaparecieron, sino que en cierta forma se suicidaron. Su expansión constante estuvo acompañada de guerras y conflictos. Tanto el comercio como las campañas militares fueron portadoras de las pestes, que las sociedades más aisladas y pequeñas no sufrieron o lo hicieron en mucha menor medida. El centralismo de su administración del poder tampoco ayudó a su supervivencia.

Diapo 6. Nínive, mucho más grande que todo lo conocido de esa época

Después de gobernar durante más de seis siglos, desde el Cáucaso y el Caspio hasta el Golfo Pérsico, y más allá del Tigris hasta Asia Menor y Egipto, la ciudad desapareció como si hubiese sido únicamente un sueño. Hasta fines del siglo XIX nadie sabía donde había estado la magnífica Nínive.

Podemos decir que históricamente las crisis demográficas, ecológicas y sanitarias no pudieron ser enfrentadas por la humanidad, dando lugar a enormes transformaciones sociales. A pesar de su enorme desarrollo social y político, fracasaron ente los retos que se les presentaron. No sabían bien lo que ocurría, no advertían los efectos de su propia acción, no eran capaces de prevenir ni de curar a la escala requerida. Fueron presa de un mundo que les demandaba un conocimiento del que carecían. ¿Qué es lo que sucede en la actualidad? Como veremos más adelante, hoy tenemos toda la capacidad y más, para enfrentar esas crisis -también para producirlas- y por tanto nuestro destino no está sellado. Depende de nosotros y de nuestros instrumentos de organización social.

ACELERACION CONTINUA, DESEQUILIBRIOS E INCERTIDUMBRE

Cuenta Yuval Harari en Nexus (2024), que durante los primeros cuarenta y seis años luego de la invención de la imprenta por los europeos (antes ya había sido inventada en China), se imprimieron unos 12 millones de textos. En los mil años anteriores a ello, se habían copiado unos 11 millones de libros con las diversas técnicas pre imprenta. Esa es la medida de la magnitud del cambio tecnológico, en este caso especialmente pertinente, pues se trata de cambios en las redes de información. A pesar que se tiende a destacar los impactos positivos, democratizadores y liberadores, de la imprenta, Harari también expone como se socializaron a gran velocidad las campañas del terror y la caza de brujas, asuntos antes restringidos a pequeñas comunidades, que no les daban mayor importancia (Harari, 2024: 162). No es tan diferente de lo que ocurre actualmente con la comunicación por internet. Pero no sólo la velocidad es mayor, sino que esta se acrecienta permanentemente, siendo su aceleración constante la que dificulta prever sus posibles impactos y su evolución futura. En cualquier caso, quienes en este momento están desarrollando las novedades tecnológicas del porvenir, quiero decir de mañana, de la próxima semana y el próximo mes, no lo están haciendo bajo el escrutinio público, ni preocupados de las posibles consecuencias sociales, políticas o culturales. Lo harán posible si es rentable y si acrecienta su poder. Sin que podamos saber que, cuando ni como. Hasta que surjan y nos tengamos que adaptar.

Daniel Innerarity, escribiendo sobre la democracia, dice que los problemas actuales se deben a la complejidad. A una modulación concreta de la complejidad que nace de la aceleración y la interconexión de los sistemas. Por una parte, señala, las contingencias se incrementan y tienden a desbordarse más allá de lo previsible. De otra, la creciente diferenciación funcional en subsistemas cada vez más autónomos entre sí, plantea un difícil desafío de coordinación. Finalmente, los problemas tienden a ser interdependientes, pero nos cuesta identificar de que manera dependen y cual intervención mejoraría o empeoraría la interdependencia. (Innerarity, 2020)

Un ejemplo muy pertinente para Chile en relación a la complejidad de la realidad actual se refiere a la seguridad. Zygmunt Bauman nos recuerda que en el idioma alemán la palabra Unsicherheit contiene tres dimensiones diferentes del mismo problema: incertidumbre, inseguridad y desprotección. De tal manera que aquello que más se simplifica en el debate público -porque produce miedo y angustia y necesitamos algo que nos calme- es uno de los asuntos más complejos. ¿Cuál de esas tres dimensiones mencionadas enfrenta la política? La más simple y evidente: desde nuestro flamante Ministerio de Seguridad Pública al experimento fascista del gobierno de Nayib Bukele en El Salvador, ahora convertido en negocio gracias a la política de Donald Trump. Porque, ¿qué más simple que encerrar al miedo en una cárcel oscura, ojalá para siempre? Mas allá de este ejemplo extremo, la verdad es que las fuentes de la Unsicherheit permanecen incólumes. ¿O no son ellas las que producen la retracción de la vida social, la pérdida de la confianza, el refugio en las identidades particulares -mejor lo malo conocido- y los individuos aislados?

El Informe de Desarrollo Humano de Chile 2024, publicado por el PNUD luego de 10 años de ausencia, se preguntaba ¿por qué nos cuesta cambiar? Opino que esa pregunta no es precisa, pues de hecho cambiamos permanentemente y a gran escala. Y en poco tiempo. El Chat GPT fue lanzado al mercado recientemente, en 2023, y ya hace algún tiempo que sospecho que algunos de mis estudiantes, los más enterados, entregan trabajos hechos por el Sr. GPT, sin mencionarlo, por si acaso. Así, cambiamos y rápido.

Diapo 7. Infografía sobre comunicación a través de internet en Chile 2023
Diapo 8. Cuatro datos sobre Cambios Demográficos en Chile

La pregunta, entonces no es ¿por qué nos cuesta cambiar? Sino ¿cómo podemos orientar y conducir los cambios acelerados, imprevistos y que incrementan la incertidumbre? Cambios que, por lo demás, nosotros mismos provocamos, en su gran mayoría. El caso de nuestro país es un caso ejemplar, donde se combina el cambio acelerado y la crisis de conducción de dichas transformaciones. Es evidente la inadecuación de las instituciones existentes, la crisis de conducción política, la crisis social de la desigualdad sostenida, incluida la desigualdad territorial y la crisis social de la convivencia. Veamos dos ejemplos:

Diapo 9. Tabla de Evolución de la Migración en Chile

¿Qué tenemos en política migratoria, más allá del debate sobre cuántos migrantes irregulares hay que expulsar y como controlar las fronteras? ¿Ha servido la ley de 2021?

¿Cuál es la proyección a mediano y largo plazo de la educación superior? ¿Puede un sistema de financiamiento basado en la cambiante demanda regir la función pública de las universidades? Más aún, ¿qué se espera de las universidades y del sistema de educación superior en medio de este móvil escenario?

DE ILUSIONES CONTEMPORANEAS Y SUS CONTORNOS

He sostenido que los cambios se aceleran y que contamos con las respuestas técnicas a la mayoría de nuestros problemas. Y que, por tanto, nuestro déficit se refiere a la orientación y conducción de la vida social transformada por esta dinámica, lo cual es un desafío enorme al conocimiento de lo específicamente humano. Pero siempre se deben examinar las hipótesis alternativas. En este caso, ¿existen alternativas viables para resolver la pregunta por la conducción del cambio y el manejo de su creciente incertidumbre? ¿Para que aprendamos a vivir mejor no CONTRA los cambios, sino en medio de ellos? Creo que las principales tendencias hoy en boga arrancan de realidades efectivas y en ese sentido tienen fundamento. Pero al mismo tiempo tienden a operar de un modo más bien ilusorio y encierran diversos riesgos. Pero, sobre todo no abordan de raíz el problema planteado.

La primera es la ilusión tecnológica, aquella que piensa que a la universalización de la razón técnica solo cabe darle tiempo y seguir desarrollándola. Pues el progreso científico y especialmente las nuevas herramientas, cada vez más poderosas, cada vez más rápidas, cada vez con mayor “capacidad de aprender”, nos darán la solución que buscamos. Pues ahora sabemos lo que antes no y todo lo que requerimos es más información; tenemos en realidad apenas un problema de desarrollo insuficiente. Por cierto, que desde hace ya tiempo que una mente humana no es capaz de contener el conocimiento existente, dicen que desde Leibniz. Pero, tal como se mostró para el caso de la imprenta y se aprecia claramente en el caso de internet, no es la acumulación informativa la que le brinda orientación. Por ello a la primera etapa “feliz” de la internet, que nos liberaría, le sigue la “triste” que nos encadena. A la democratización de las “redes sociales” le sigue la concentración en pocas manos y los algoritmos desconocidos que las manejan. Lo que requerimos es otra cosa.

También emerge las tesis del post humanismo, que reconocen que el humano “no está solo”, pues interactúa con entidades “no humanas” y eso también lo constituye. Pero que además actúa cada vez más mediado por tecnologías de diverso orden, que modifican no tanto su esencia, como sus posibilidades futuras. Desde la ingeniería genética, hasta los instrumentos de comunicación y conocimiento. En la actualidad esas interacciones son cada vez más intensas. De un modo u otro somos cyborgs, apoyados en artefactos que nos permiten ver, recordar, planear, comunicarnos.

Por favor, levanten la mano los que no usan celular…

Estos dispositivos no sólo nos “apoyan” y “amplían” nuestras capacidades. También nos condicionan y moldean nuestro pensar y sentir. El niño pequeño se mantiene absorto en la pequeña pantalla del celular que emite señales neurológicas programadas para retener su atención y si se le interrumpe llora. En el metro y en el bus coexistimos físicamente, pero eso ocupa una porción de nuestra conciencia. Con las cabezas gachas vamos siguiendo las señales neurológicas programadas para atraer nuestra atención los segundos suficientes y luego otra y otra. Y nos cuesta interrumpirlas para conversar con el vecino… que también lleva la cabeza gacha.

Esto nos conduce a la tesis del reemplazo. Luego de la aparición y rápido desarrollo de la inteligencia artificial, hay labores que desaparecen y otras que existen aún solo por inercia. El asistente virtual de la línea aérea todavía no proporciona toda la información que cada usuario desea, en la forma oportuna y pertinente que la necesita. Pero aprende con cada interacción y sus insuficiencias se deben más a las políticas de las empresas que a las limitaciones técnicas. Pero hay más. La telefonista del call center es un ser humano -sobre explotado- pero sujeta a protocolos estrictos de tiempo, tono, alcance, etc. Aunque quiera hacerlo, su comportamiento al otro lado del teléfono no puede abarcar los rangos de lo humano sino solo muy parcialmente. Se asemeja más a un modo de producción taylorista, a una cadena de producción que aún tiene un eslabón de soporte humano, pero ya moldeado casi por completo por “el sistema” al que sirve, que a la vez registra y aprende de todo lo que sucede. Pero el médico especialista también se debe regir por los tiempos, tonos y alcances definidos por la tecnoburocracia a la que pertenece. Se respalda en exámenes realizados por máquinas y luego va siendo sustituido en la cirugía por el robot de alta precisión, cuyo conocimiento está compuesto por la totalidad de la literatura científica disponible a la fecha sobre su especialidad. Un robot que aprende rápido, no tiene estados de ánimo fluctuantes, no le afectan las enfermedades, no forma sindicatos y, sobre todo, no cobra ni se cansa. Tiene todo para reemplazarnos en nuestras tareas.

La percepción de amenaza sobre los humanos, partiendo por el trabajo como fuente de ingreso y de realización, lleva por último a la ilusión de los luditas. Aquellos trabajadores que las emprendían en contra de las máquinas que los sustituían en la revolución industrial. Aquella “negociación colectiva por disturbios”, al decir de Eric Hobsbawm, representa la desesperación que produce el avance tecnológico que en vez de hacernos vivir mejor nos aparta y excluye. ¿Qué mejor que ir de frente contra la amenaza?

Diapo 11. Secuencia de imágenes de oficios que desaparecen

Su perspectiva fue corta a comienzos del siglo XIX frente a los telares ingleses y sigue siendo corta hoy, cuando se destruyen los autos Tesla o se ataca a los conductores de las aplicaciones de transporte. Pero expresa bien la subjetividad que los produce: no se puede detener el proceso general y el movimiento colectivo da paso a las adaptaciones y resistencias individuales o, en todo caso, efímeras. Y a pesar del discurso crítico, todos los días y a cada minuto vamos dando clicks e incrementando la potencia del algoritmo, que ya sabe más de nosotros que nosotros mismos.

Pero claro, el optimismo tecnológico, el posthumanismo como expansión del humano más allá de sí mismo -más humilde y más poderoso a la vez- el asombroso desarrollo de la IA y la impotencia de los luditas contemporáneos que incrementa la idea de que el nuevo mundo ya llegó, se topa con otro fenómeno más tradicional, pero también acrecentado. Me refiero a la deriva autoritaria y la exorbitante concentración del poder y la riqueza actuales. En las antípodas del optimismo democratizante que nos ofrecían las nuevas tecnologías, nunca en la historia hemos tenido la concentración en pocas manos que existe hoy.

Diapo 12. Concentración del poder político en cuatro varones, jefes de estado autoritarios
Diapo 13. Línea de Tiempo: Evolución reciente y concentración de las herramientas de comunicación y conocimiento

EL GENIO FUERA DE LA BOTELLA Y LOS ALCANCES DE LO HUMANO

Producimos más, nos comunicamos como nunca en la historia, las máquinas nos hacen vivir y morir, conocemos lo más recóndito hacia el interior de la materia y hacia el exterior del universo, hacia la profundidad del pasado universal de millones de años. A diferencia de las sociedades históricas, que no contaron con las capacidades técnicas para enfrentar el hambre, la peste y la sostenibilidad de sus recursos, las y los contemporáneos tenemos de sobra. Tenemos muchas más soluciones que problemas.[2]  Frente a las enfermedades, podemos hasta rehacernos a nosotros mismos. Sabemos cómo producir de manera sostenible, ¿por qué no lo hacemos? Esa es la cuestión. Esa es la urgencia que nos interpela.

Al respecto, dos reflexiones sobre los humanos y la libertad. Frente al imperio tecnológico que todo lo invade, ¿dónde está, donde resta lo específicamente humano? Me atrevo a decirlo así: en que nos equivocamos. Al contrario del Chat GPT y sus secuaces, elegimos y erramos. Podemos hacerlo y somos responsables de ello. Lo que nunca le sucederá al robot: puede errar, pero no será responsable de ello. Y se autocorregirá. Tampoco le ocurre a la naturaleza, que sigue su curso. Un volcán, una peste cualquiera, pueden destruir una nación y no será responsable por ello. Esas categorías se aplican sólo a NUESTRA historia: avanzamos cuando ampliamos nuestra libertad y adquirimos responsabilidad por ello. ¿Estamos ejerciendo nuestra libertad y haciéndonos responsables de ello? ¿Tenemos las condiciones como humanidad para hacerlo?

Diapo 14. La historia como hazaña de la libertad

Escuché a Pepe Mujica decir que los seres vivos tenemos la mala costumbre de morirnos, pero a a vez la tendencia permanente a reproducirnos, que es el amor. A diferencia de otros seres no orgánicos, que probablemente no mueren -aunque a veces sí, como les pasa a las estrellas- pero tampoco se reproducen. Sin embargo, tenemos una diferencia con las plantas y los animales, quienes se reproducen como especie a partir de su naturaleza y su cuadro instintivo, su hardware. Nosotros no, nuestro hardware más o menos común, no funciona si no desarrollamos los software que creamos entre nosotros, que son las sociedades y las culturas. En ese sentido somos libres, y en el ejercicio de nuestra libertad nos convertimos en humanos.

Pero eso, y esta es mi segunda reflexión sobre la libertad, ha dado lugar, en la modernidad a la ilusión quizás más poderosa y al mismo tiempo más peligrosa de todas: la del individuo aislado como el sujeto de la libertad. Como esa ilusión está llegando a su crisis, al punto que pone en riesgo la propia reproducción de la especie e incluso la viabilidad planetaria, urge buscar alternativas. Pero hoy, contradictoriamente, se radicaliza en el sentido contrario, de manos de los llamados “libertarios”, esa respuesta distorsionada a la crisis del liberalismo de raíz ilustrada. Ese individuo aislado no existe. Si existiera no podría siquiera comunicarse con los demás, ya que lo compartimos casi todo, partiendo por el lenguaje. La apología del individuo, del “yo soberano”, hoy se expresa  no a través de los librepensadores originales, de Walt Whitman o de Adam Smith, sino por medio de la política autoritaria de la tecno-oligarquía: irresponsable, cruel, concentradora, controladora y especulativa. Y más encima, nacionalista, ¡toda una contradicción!

APOLOGIA DE LA COOPERACION Y COMO HACERLA POSIBLE

Si estos desequilibrios no se corrigen con más tecnología, sino con una reconfiguración social y política, la cuestión es ¿cómo hacerla posible? Para ello necesitamos los conocimientos de las ciencias humanas, no de espalda a los cambios sino en medio de ellos. Pero convengamos que el papel de la ciencia no es una mera “toma de posición” frente a lo que sucede. Ese es el rol ciudadano, que nos compete a todas y todos. El del conocimiento es describir, comprender y explicar, para una mejor acción. La tendencia actual, que particulariza y relativiza todo conocimiento en función de sus “condiciones de enunciación”, no es una buena respuesta al desafío de la cooperación entre diversos, que es el de las sociedades contemporáneas. La emergencia de los sujetos subalternos ayudó a desmontar los falsos universales del eurocentrismo cultural -incluida la cultura científica-, la política patriarcal tan porfiada y culturalmente enraizada y abrió el espacio a lo diverso. Pero requerimos la cooperación entre todas y todos y eso es lo que tenemos que estudiar en las condiciones contemporáneas. Juntas y juntos … ¿podemos? Esa es la cuestión y no los discursos de una identidad particular, que limita por definición con las demás identidades particulares. Porque además esa cooperación requiere del vínculo entre sujetos autónomos, que se conocen y comprenden a sí mismos y se abren a los demás.

Algunas de las tareas que se visualizan para las ciencias humanas son defensivas. La primera es limitar el imperialismo de la ola tecnocrática, que homogeneiza la realidad, reduciéndola a bits. La digitalización incrementa esto, puesto que requiere traducir a códigos binarios cualquier fenómeno, de otro modo no puede conocerlo. Es decir, las ciencias humanas deben defender su especificidad y su campo de acción. Claro que pueden usar el enfoque nomotético, modelos matemáticos y buscar una que otra ley de amplia aplicación. Pero su objetivo no es ese. También deben enfrentar la ola antiintelectualista o populista que ha surgido, aparentemente contra el tecnocratismo elitista contemporáneo. Por un lado, es un sentimiento fácilmente manipulable, por otro, no agrega nada a un mejor comprender los fenómenos humanos. Y da lugar a absurdos como el del actual gobierno de Estados Unidos: multimillonarios que utilizan todos los instrumentos de las matemáticas, la economía financiera, la informática y la ingeniería, desprecian la ciencia médica, la ecología, la regulación de los contenidos de odio y censuran toda expresión de disidencia. Todo ello en nombre de la “libertad de pensamiento”. Nosotros podemos y debemos entender por qué se producen estos fenómenos y cómo y por qué entusiasman tanto a tantos. Pero, de nuevo, no sólo para “tomar posición”, puesto que una posición crítica no exime de los tediosos deberes de la construcción del conocimiento, que es lo que a nosotros nos toca.

En una perspectiva más proyectiva, lo anterior implica que hay que estudiar los cambios sociales. No hay otro modo de avanzar hacia modos de cooperación para conducirlos. El conservadurismo romántico, ese que dice que “todo tiempo pasado fue mejor”, puede contagiar nuestra emocionalidad, pero nada tiene que ver con los retos de la ciencia social contemporánea. Al mismo tiempo creo que el ejercicio científico, sin pasar a llevar la libertad de nadie, debe plantearse seriamente como contribuir más y mejor a estas metas urgentes y hacerlo con flexibilidad, rebasando su encierro académico: su orientación predominante debieran ser los problemas públicos, su preocupación los que sufren y su urgencia las necesidades humanas: la ciencia social como un servicio público. Asimismo, requerimos flexibilidad para dialogar entre disciplinas, ampliando el alcance de los enfoques interdisciplinarios. Pero también con otras formas de conocimiento: el arte, las humanidades, los conocimientos de raíz no occidental y el conocimiento común, de raíz no científica. En ese sentido de “diálogo y colaboración de saberes” entendería lo que se denomina hoy “transdisciplina”, no en el sentido de disolver las distintas fuentes y caminos del conocer, para terminar en vaguedades para cualquier uso. Poner nuestro esfuerzo al servicio de los problemas complejos, que no se dejan reducir a la razón disciplinaria, porque requieren de varios niveles y formas de involucramiento de sujetos y saberes. Siempre ha sido así para las ciencias humanas, donde la distinción radical entre “sujeto y objeto” causa más problemas que los que resuelve. Ahora, en un mundo crecientemente interconectado y complejo, en el reino de los “wicked problems”, los problemas malvados, es más importante que nunca.

Es precisamente la defensa de la complejidad de lo social y de nuestra capacidad para comprenderla, donde sitúo un último desafío, que podríamos llamar “de impacto” o de participar en la conversación social. Ello frente a la simplificación manipuladora de la comunicación masiva, las redes sociales y el marketing presente por doquier. No es solo un reto de contar con un conocimiento a la altura de la complejidad, saber más sobre ella: es considerar que, si una imagen vale por mil palabras, casi nadie se interesará en las mil palabras; una noticia falsa, diseñada para impactar las emociones, incrementará los “retuiteos” y otras formas de monetarización, haciéndose viral, dominando la conversación, nos guste o no. Es decir, hay que entrar en el terreno adversario con nuestras herramientas: comprender las emociones y su rol en la acción humana, abandonando el paradigma del sujeto racional utilitario al que solo deberíamos ilustrar. Y al mismo tiempo desentrañar los mecanismos de la manipulación y no sumarnos acríticamente a las modas mediáticas (me refiero a conceptos, trending topics y otras novedades igualmente efímeras). No somos opinólogos, aunque muchos se tienten con esas luces. Pero tenemos algo que decir y esforzarnos por lograr ser escuchados.

La tarea de las ciencias humanas es más importante que nunca.

UNA ULTIMA PALABRA SOBRE UNIVERSIDADES PUBLICAS

Diapo 15. Fachadas de las universidades de Lovaina, Salamanca y San Marcos

¿Qué rol les cabe a las universidades en todo esto? Esta institución ya casi milenaria, que permanece: Lovaina cumple en 2025, 600 años, Salamanca cumplió 800 (aunque -vergüenza- tiene como rector a un depredador científico) y nuestra vecina San Marcos se empina por los 475. Algo tiene que decir. De la tradición humanista y liberal hay que defender la autonomía relativa del conocimiento (no solo de la ciencia), traducida principalmente en la libertad de cátedra y de investigación. De la tradición democrática chilena, construida en los siglos XIX y XX, que definió el rol público de las universidades -admitiendo un pluralismo en sus detentores- defender el compromiso con los problemas sociales y, en nuestro caso, con el desarrollo sostenible y equitativo de la región. Eso hoy día significa: descentralizar el poder y fortalecer la voz y acción de los territorios. En la región con más cuerpos de agua del país, debiese estar la mayor concentración de conocimiento sobre el tema. No sólo de la producción acuícola, también los ciclos hidrosociales, la conservación y sustentabilidad, la provisión para consumo humano, la cultura costera y las realidades insulares. Claro que tenemos un pequeño problema: la contrarreforma universitaria de los años ochenta no ha sido revertida sino en una muy pequeña medida. ¿Cómo avanzar hoy? No al tecnocratismo ni al corporativismo. Sí al rol público regional.

Sin duda la educación está desafiada enormemente por las realidades que hemos presentado. El rol de las ciencias humanas en orientar una renovación de la enseñanza universitaria me parece central. Lo mismo en la intensificación del diálogo entre universidad y comunidad. Para todo esto y frente a este mundo que cambia, deberemos plantearnos que es lo esencial de la labor universitaria, aquello que la define y que es lo contingente, que debe cambiar. De esas distinciones saldrá la universidad del futuro. Y en gran medida de ello depende nuestro propio futuro.

Muchas gracias.


[1]Esta clase combina el texto con imágenes en 15 láminas, que van desplegándose a lo largo de la exposición. Para visualizar las láminas, deben pincharse el enlace y seguir los pasos indicados al comienzo del texto.

[2] Agradezco al profesor Carlos Pérez Soto y su extraordinario curso de Filosofía de la Historia, por esta y otras observaciones históricas que he incluido en este texto

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Sobre Gonzalo Delamaza

Sociólogo y Licenciado en Sociología por la Universidad Católica de Chile.

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