28.10.2024
Hay razones para alegrarse
Por primera vez en la historia celebramos elecciones directas y proporcionales de autoridades subnacionales. Parece obvio, pero no lo es, pues el centralismo chileno opera en estricta escala descendente, donde el mas grande controla al más chico. Por eso la pregunta en comunas regionales es ¿a quién responde? O peor, ¿de quién es? Por tanto hemos dado un primer paso, eligiendo las autoridades subnacionales (recién en 2021 elegimos gobernadore/as), en una sola elección conjunta, sin parlamentarias ni presidenciales, que invisibilizaban al resto.
El voto obligatorio comienza a funcionar normalmente, es decir no como marea emocional, sino como fuente de legitimidad de la autoridad, como era antes y siempre debió ser. En 2012 la derecha y los “liberales” de la centroizquierda no hallaron nada mejor que armar un mercado de votos voluntarios que les aseguraba clientela fija y marginaba a los con menor educación y de sectores populares (como se los dijeron todos y todas los cientistas políticos).
La participación fue altísima, sobre el 80%, contra los “pronósticos” de los expertos. Vale decir, a pesar de todo, seguimos creyendo en los procesos electorales. Los problemas principales están, entonces en la “oferta”: la falta de claridad programática, el excesivo recurso a independientes, los caudillismos, la corrupción. No en la participación de la ciudadanía.
A pesar de la enorme cantidad de candidaturas y las cuatro papeletas, a pesar de la propaganda engañosa que no identifica partidos y afiliaciones, a pesar de la homogeneidad publicitaria en torno a la “seguridad y corrupción”, los votantes nulos fueron sólo el 10%.
Por último, en tiempos convulsos para la democracia, esta no se comportó como buscan los que manejan los algoritmos de las redes sociales. Al contrario, la ciudadanía hizo lo suyo, el Estado se desplegó como corresponde, el SERVEL hasta se disculpó por una pequeña demora y quienes perdieron aceptaron su derrota y quienes ganaros celebraron en paz. Hay razones para alegarse. Chile no se cae a pedazos.
Los resultados son interesantes, no hay catástrofes ni aplanadoras, sólo tendencias
Hay cuatro elecciones diferentes, por lo que los análisis son variados. Partamos por las gobernaciones. Pasamos de un inusual 15 – 1 a favor del oficialismo, a una situación mucho más equilibrada, en términos de la correlación de fuerzas efectiva. Esto debiese favorecer la detenida descentralización, pues ahora todos tendrán “velas en el entierro” y pueden interesarse en mejorar el proceso, lo que no ocurría en el otro escenario. En primera vuelta ganaron cuatro oficialistas y un opositor. Las segundas vueltas serán variadas también: en dos de ellas la competencia es dentro de un mismo sector, por lo que hay que ir a buscar votos a la vereda del frente, asegurando así una mayoría. Las otras nueve regiones no se sabe (obvio). Mi olfato indica seis para la oposición y tres para el oficialismo, con lo cual quedarían siete a nueve, o algo por ahí. Pero además fueron castigados quienes más enlodaron la naciente democratización regional (Araucanía, Bío Bío, Los Lagos). Bien todo eso.
En las alcaldías hay mucho que decir, pero siguiendo la línea previa, digamos que las capitales regionales quedaron rigurosamente empatadas ocho y ocho. Y no siempre coinciden con la filiación de la gobernación. Habrá que aprender a convivir. En términos de cantidad de población dirigida, oficialismo y Chile Vamos quedan casi empatados, pero mientras este sube, el oficialismo baja (aunque sólo dos puntos), como suele ocurrir a mediados de mandato. Las cinco alcaldías más votadas muestran la variedad del panorama: dos del Frente Amplio, un independiente de izquierda social y otro de derecha, uno de Renovación Nacional. Si agregamos los siguientes cinco, tenemos dos RN, dos independientes de centroizquierda y una de derecha.
En las elecciones unipersonales el oficialismo experimenta retrocesos, pero mantiene un número importante de autoridades. Otra cosa es la competencia de concejales, donde se aprecia la fuerza relativa de cada partido y grupo. Allí se evidencia por una parte la fragmentación y, por otra, la pérdida de apoyo de las fuerzas oficialistas: mientras la derecha sumada se acerca al 54%, al frente se llega sólo un poco más allá del 44%. Como se sabe, no todo es sumable. Y en política lo que no suma, divide.
Los independientes ganan terreno. Tanto los alcaldes/as fuera de pacto (108), como los dentro de pacto, que les ganan a los partidos. Al final un 60% de las alcaldías son formalmente dirigidas por independientes. Un fenómeno preocupante pero con claros fundamentos, porque muestra el debilitamiento de las organizaciones políticas. En términos de votación (concejales) el 60% votó por partidos: 32% por los cinco partidos de la derecha, 25% por los siete del oficialismo y poco más del 4% por otros nueve partidos. El otro 40% lo hizo por candidaturas a concejales independientes.
Tres partidos de derecha con votación de dos dígitos[1]
Los republicanos se desplomaron desde un 35% en el Consejo Constitucional a un 13,8% en concejales (donde todos compiten). Todavía no obtienen ningún gobernador (tienen opción en O’Higgins) y ninguna alcaldía relevante. Pero consiguen un número importante de concejales que no tenían, cerca de 250, (como el Frente Ampio más el PC). Sus resultados los posicionan como una nueva fuerza (la mayor en concejales), pero nada hegemónica. Al contrario, en la derecha la tendencia fue el fortalecimiento de los partidos tradicionales, en especial RN, que junto a los independientes en su subpacto obtiene un 15,5%, con la mayor cantidad de alcaldías y concejalías. La UDI traspasa votos a Republicanos, pero aun así obtiene gobernaciones y alcaldías, incluso retorna a los sectores populares donde había perdido electores. Con 10,1% queda como el tercio más pequeño de la derecha, apenas alcanzando los dos dígitos (los concejales del partido apenas alcanzan 5,1%). Aunque estamos considerando aquí la gran cantidad de votos de independientes, estos son los tres partidos “grandes” del espectro político. Si se unen para la presidencial, quedan a la puerta del triunfo. Pero eso, ya se sabe, no es fácil.
Este resultado abre una oportunidad a la derecha tradicional para levantar un proyecto en serio, pues tiene la candidata presidencial favorita, el partido más grande y la unidad. Para eso tiene que dejar de mirar con temor a JAK y los republicanos, que en cierto modo resulta perdedor, aunque ello no sea mencionado hasta el momento por ningún actor político. En cualquier caso las opciones no serán sencillas. Puede sumar a los socialcristianos, pero no tiene mucho más donde crecer.
La clase media oficialista: partidos entre el 4,5% y el 7%
La lista la encabeza el Frente Amplio, el con mayor militancia, pero cuya votación sólo llega al 7,2% (5,3% militantes), en un pacto que alcanza el 14%. El Frente Amplio tuvo retrocesos significativos (perdió Ñuñoa, San Miguel, Casablanca, Quilpué, Til Til, Independencia), pero retuvo Maipú, Estación Central, Pedro Aguirre Cerda, Viña del Mar y Valdivia y sumaron Valparaíso y Peñalolén. No es poco.
Le sigue su socio, el PC, que en alcaldías apenas salva los muebles en Recoleta, pero fracasa en sus demás apuestas. En concejales, en cambio, se mantiene en su tradicional votación (6,2% el subpacto). Da la impresión que tanto la UDI como el PC pagaron sus propios errores de conducción (Macaya, Chadwick, Carmona), como corresponde. Pero más allá de eso, podría verse el resultado oficialista como un voto castigo al gobierno en su conjunto. Es bajo, sin ser desastroso.
La DC sobrevive, asociada con el PPD y el PS. Como pacto superan levemente al del FA con el PC, aunque su rendimiento en concejales es más del doble (no sé por qué), lo cual les da presencia territorial. Es el PS el que obtiene más votos y concejales (6,1% el subpacto, 4,9% los militantes), la DC 4,6% y el PPD 4,4%. Pero faltan los radicales, expertos en la pelea electoral: obtuvieron un nada despreciable 6,4% (aunque de ellos solo el 2,3% son del partido). De esta manera podemos ver a la ex Concertación con un 21,5%. Magro en relación a su pasado, pero expectante, si se aprecia que supera en a sus socios en el gobierno. Y peligroso para la DC y el PPD, si se aprueba el umbral del 5% para subsistir.
En términos proyectivos, en el bloque oficialista hay más partidos involucrados, no hay una figura presidencial perfilada, ni tampoco un partido más grande o emergente. Paradojalmente esto podría ser una oportunidad si se asume que más que llegar al gobierno a cualquier precio, la izquierda y el “centro progresista” requieren reconstruir su propuesta y sus alianzas. Mirar hacia atrás no les será útil.
Los potreros: votaciones bajo el 4%
El panorama está fragmentado, así es que tenemos un último lote de partidos chicos, que no alcanzan el 4% y aún así obtienen alguna representación local. Individualmente pesan poco, pero como conjunto representan una cuarta parte de los votos, por lo que su influencia crecerá en la medida en que se vinculen con los referentes mayores.
El más importante numéricamente es el Partido Social Cristiano, con un 3,7% y la alcaldía de Concepción, donde se concentran. Se suman a la derecha, pero con entidad propia (aunque apenas 24 concejales) y electorado fiel, que puede crecer.
Luego tenemos al Frente Regionalista Verde Social, integrante del gobierno, con un 3,6% (63 concejales). Fueron en pacto con el Partido Liberal, que apenas logró un 1,9%, probablemente concentrados en alguna región específica. Al parecer los liberales no sobrevivieron a su salida del FA.
Y un poco más atrás los Demócratas, escindidos de la DC, con un 3,2%, con sombrío pronóstico futuro, aunque cuentan con parlamentarios y los medios siempre tienen a Ximena Rincón en su parrilla. Fueron en pacto con otro regalón de los medios, un grupo de color, creo que era amarillo… ¿o verde? ¿o celeste? ¿Qué sería de ellos? Bueno, obtuvieron un 1,2% (o,4% militantes), van camino a la extinción.
Luego tenemos al Partido de la Gente, con un 2,9%, una apuesta personal de Parisi, que sólo tendrá 23 concejales, posiblemente no dure mucho. También está Evópoli, que no despega, pero subsiste, con un 2,5% (38 concejales) y un par de municipios importantes en el barrio alto de Santiago.
Y ya que estamos en esto, la lista se completa con el ecologismo: la lista Ecologista y Animalista obtuvo un 2,6% (y muy pocos concejales) y la Izquierda Ecologista Popular (parece que son varios partidos) un 2,5%
En buenas cuentas un 14% de pequeños grupos de derecha y cerca de un 9% de pequeños grupos de izquierda. Igualmente es un 25% de votos por fuera de los grandes conglomerados.
Cierta proyección
El péndulo del apoyo popular vuelve hacia la derecha, pero más bien a la tradicional. La mesa está preparada para una candidatura de Mathei, aunque de por medio la derecha tendrá que resolver sus relaciones internas con Kast. ¿Primarias? Si Kast las acepta, es lo mejor para Mathei.
En el bloque oficialista, creo que los resultados eliminan la opción -mas levantada por la derecha que por ella misma- de una nueva candidatura de Bachelet. Un proceso ordenado, primarias masivas para elegir candidato presidencial, reconstrucción de alianzas y acuerdos programáticos podrían permitirle un buen desempeño electoral y un rol opositor relevante.
Todo lo demás corre por fuera de las elecciones: necesitamos educación cívica, reglas que mejoren la rendición de cuentas de los partidos y que nos los debiliten, redoblar los mecanismos anticorrupción, principalmente entre los alcaldes, entre otras cuestiones.
[1] En este acápite y los siguientes incluimos a los independientes dentro de subpacto pacto en la votación de cada partido



Un comentario
Muy bueno 👏👏👏